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¿Cuántos Hz necesito de verdad?

Los hercios son el argumento de venta más repetido y el peor explicado. Un monitor de 360 Hz no hace que tu equipo vaya más rápido: solo puede mostrar lo que la gráfica le entregue. Entender la relación entre hercios, fotogramas y sincronización es lo que evita pagar por un número que nunca vas a ver.

Qué son los hercios y qué son los FPS

Los hercios son cuántas veces por segundo el monitor refresca la imagen. Los FPS son cuántas imágenes por segundo genera la gráfica. Son dos cosas distintas y el resultado que ves es siempre el menor de las dos: un monitor de 240 Hz alimentado a 80 FPS se ve como 80 FPS, y una gráfica que da 200 FPS en un monitor de 60 Hz se ve como 60.

Por eso la pregunta correcta no es cuántos hercios quieres, sino cuántos fotogramas produce tu equipo en los juegos a los que juegas de verdad. Ese número, y no el del escaparate, es el que manda.

La mejora tampoco es lineal. El salto de 60 a 144 Hz es enorme y lo nota cualquiera en el primer minuto, incluso moviendo el ratón por el escritorio. De 144 a 240 se nota, pero ya hay que buscarlo. De 240 a 360 entra en el terreno de lo que solo distingue quien juega a shooters a diario y con intención.

Cuántos hercios pide cada tipo de juego

En shooters competitivos —Counter-Strike, Valorant, Apex, Overwatch— los hercios son el gasto más rentable del equipo. Son juegos ligeros que producen cientos de fotogramas incluso con gráficas modestas, así que el monitor sí llega a ser el cuello de botella. Aquí 180 Hz es el suelo razonable y 240 Hz el punto dulce.

En juegos de mundo abierto, rol o aventura con gráficos exigentes ocurre lo contrario: la gráfica rara vez pasa de 60-100 FPS con la calidad alta. Pagar por 240 Hz para jugar así es comprar una capacidad que el equipo no va a alimentar. Ese dinero rinde mucho más en resolución, contraste o tamaño.

Y hay un caso intermedio muy común: quien juega a las dos cosas. Ahí la respuesta suele ser un QHD de 165-200 Hz, que da holgura en los competitivos sin desperdiciar panel en los pesados.

La sincronización: por qué 90 FPS pueden verse peor que 60

Cuando los fotogramas de la gráfica y los refrescos del monitor no van acompasados, la pantalla dibuja media imagen antigua y media nueva. Eso es el tearing: una línea horizontal que parte la imagen en dos y que se ve sobre todo al girar la cámara.

La sincronización adaptativa lo resuelve haciendo que el monitor espere a la gráfica en vez de al revés. FreeSync, G-Sync y Adaptive-Sync son nombres comerciales del mismo principio, y hoy casi cualquier monitor gaming lo trae. Es una casilla que conviene comprobar y activar, porque de fábrica no siempre viene encendida.

El detalle que casi nadie cuenta: la sincronización solo funciona dentro de un rango de hercios. Por debajo del mínimo del monitor vuelven los tirones. Por eso un panel de rango amplio, de 48 a 240 Hz, se comporta mejor en juegos exigentes que uno con un rango estrecho, aunque el número grande sea el mismo.

Cómo decidir sin equivocarse

Mira primero qué gráfica tienes y qué FPS te da en tu juego principal a la resolución que quieres usar. Si ese número está cerca de 100, un panel de 144-180 Hz te sobra y te sobrará un tiempo. Si pasa de 200 con holgura, entonces sí tiene sentido mirar 240 Hz.

Un monitor dura bastante más que una gráfica, así que comprar algo de margen es razonable. Pero margen no es lo mismo que exceso: 240 Hz es margen si juegas a competitivos, y es dinero tirado si juegas a mundos abiertos con todo en ultra.

Y si dudas entre más hercios o mejor panel al mismo precio, para la mayoría de la gente gana el panel. Los hercios se notan en movimiento; el contraste, el color y la resolución se notan todo el rato.

Nuestras recomendaciones

Los modelos del catálogo que mejor responden a lo explicado arriba.

Preguntas frecuentes

¿Se nota la diferencia entre 144 y 240 Hz?

Sí, pero mucho menos que el salto de 60 a 144. En shooters rápidos se percibe como una imagen más limpia al girar y un apuntado algo más predecible. En juegos lentos es prácticamente indistinguible. Si tu equipo no supera con holgura los 144 FPS en ese juego, no lo vas a notar en absoluto.

¿Sirven de algo los 360 Hz si mi gráfica no llega?

Poco. El monitor mostrará como máximo los fotogramas que reciba, así que la mayor parte de esa capacidad queda sin usar. Tiene sentido solo si juegas a títulos competitivos ligeros donde el equipo sí produce esa cantidad de fotogramas, o si prevés cambiar de gráfica pronto.

¿Necesito G-Sync o me vale FreeSync?

Para la inmensa mayoría de la gente vale cualquiera de las dos. Hoy las gráficas de NVIDIA funcionan con monitores FreeSync compatibles y las de AMD también, así que la etiqueta importa mucho menos que hace unos años. Lo que sí conviene mirar es el rango de hercios en el que trabaja.

¿Los hercios cansan más la vista?

Al contrario: más hercios suelen suponer un movimiento más suave y menos esfuerzo al seguir objetos en pantalla. Lo que sí cansa es el parpadeo del retroiluminado en algunos monitores baratos y el brillo mal ajustado, no la frecuencia en sí.